lunes 30 de noviembre de 2009

"TieNE 3 mEnSajes...

... nuevos en bandeja de entrada" he podido leer cuando he abierto mi correo.
"Cáspita" me he dicho (bueno, cáspita realmente no, pero algo que, empezando por jota viene a decir lo mismo), intentando imaginar quiénes serían quienes con tanto afán me escribieron... y esto ha pasado a darme igual cuando he leído lo que hay en el campo asunto de cada uno de ellos:
- guardia civil en Belén;
- la biblia, buenísimo
- ¿HAS VISTO ALGUNA VEZ UNA ALMEJA VOLADORA? (lo de las letras en mayúscula parece importante, así que copio fielmente)

Pero ahí no acaba la cosa. Es que me he puesto a buscar en la bandeja de entrada y he encontrado los siguientes:
- yo he acertado 18 :P (referencia a una hoja excel donde las casillas son tetas y tienes que acertar si son de silicona o naturales. Ah! Se me olvidaba... hay 20)
- os vais a quedar de piedra
- please sponsor me / apoya mi causa
- CAMPEONAS DEL MENEO 2008 (subrayo la importancia de las mayúsculas una vez más)
- chupa chupa pero sin mariconadas
- ingenieros arrepentidos ¿Alguien más se siente identificado? (mano alzada)
- cómo se desnudan un chino y un español (paso de mirar de qué va, supongo que hubo un tiempo en que era más curioso)

Y sólo voy por la página 3 de 20!!! Creo que me voy a hacer unas palomitas y café!!! Esta noche no se duerme!!!

viernes 20 de noviembre de 2009

MaRi T, esA MUsa

El fin de semana pasado no pudo comenzar peor gracias a una conversación surrealista que, ni entendí ni entiendo, por parte de cierta persona situada algo por encima de mí en la escala jerárquica laboral.
Pese a haber reflexionado largo y profundamente sobre el tema, haber llegado a la conclusión de que hay personas que simplemente no dan más de sí, y haber soltado mierda por la boca (siempre de forma constructiva, ojo, no como otros) a quien se la tenía que soltar, obteniendo un gracias y un perdón a cambio, lo cual está bien, no me libro de la sensación de decepción y desencanto.

Y cuando las cosas están así, cuando menos te lo esperas, de quien menos te lo esperas, y encima cuando mejor te viene, aparece apoyo y empatía hacia este tipo de situaciones en las que crees estar solo y que hacen que tengas ganas de quemar tu lugar habitual de trabajo, o más bien el de tu jefe, que ahora que he limpiado un poco mi despacho sería una pena.

Gracias por la conversación del otro día, Mari T.

PD. Como agradecimiento me acordaré de regalarte 40 kilos de tu maquillaje favorito, que lo gastas mucho, y un par de bidones de perfume.

jueves 29 de octubre de 2009

sIN PaLABrAS

lunes 19 de octubre de 2009

sON mIs vEcINoS (i)

Al lado del portal donde vivo hay un supermercado. Y a las puertas de ese supermercado, hay un mendigo. Tipo listo él, y sin duda toda una autoridad en teoría de conjuntos, ya que antes de elegir sentarse en posición flor de loto delante de la farmacia o de la óptica que también están cerca del portal donde vivo elige el supermercado, más que nada porque las personas que están pachuchas o las que no ven un carajo son un subconjunto de las que tienen hambre.

Sus orígenes son más bien indeterminados, pero a ojo de buen miope diría que ha llegado a Suiza procedente de uno de aquél vasto y desconocido para mí y para muchos conjunto de países al este y sureste de Alemania que, por estar al este, se les conoce como "el Este".
Pero según la clasificación racial española, país caracterizado por la larga y reciente tradición inmigrante, y también por su anchura de miras en cuanto a ella misma, en la que los asiáticos son siempre chinos, los africanos negros, los que tienen una piel un poco más oscura de lo normal moros, los que la tienen más clara guiris, los que son gilipollas mongolos, y lo demás se reparte entre español (raza auténtica donde las haya) y rumano, éste sería rumano.

Al principio no sabía nada de él, ni tan siquiera su nombre (bueno, ahora tampoco), tan sólo que me pedía dinero y me ponía cara de pena que, casualmente son dos cosas que me tocan mucho los cojones. "Mala combinación, amigo", le dije en silencio, dedicándole un pensamiento.
Intentaba evitar mirarle cuando pasaba a su lado o cerca de él, más que nada por evitar que viera mi cara de mala hostia, porque el pobre a mí nada me había hecho, y él aprovechaba los 0.3 segundos de mi presencia a su lado para dedicarme un "messieur-si'l-vous-plait-donne-moi-une-monai-j'ai-faim-j'ai-tout-mal...", así, todo seguido, con tono plano y sin apenas respirar.

Nuestra relación de limosna-odio siguió así durante un tiempo, hasta que un día la magia ocurrió. Venía de trabajar a casa y le dediqué mi habitual "bonjour" con cara de mala hostia. Seguí andando y, al mirarle otra vez, me di cuenta de que tenía una expresión extraña en la cara, a la que le sucedió el contacto visual, y su mano empezó a señalar un punto en el suelo. Me giré y vi que se me había caído un gorro que llevaba bajo un brazo con más cosas, me giré y fui a cogerlo mientras me daba cuenta de que la expresión extraña en su rostro se debía a que el tipo no sabía si decirme que se me había caído el gorro o callarse para luego ir a por él. Qué cuco el tío.
Le dije gracias y, más tarde, cuando bajé al supermercado a comprar cuatro cosas, accedí a su chantaje y le dejé un par de monedillas en un vaso blanco de plástico que siempre lleva, de esos que tu madre sacaba cuando era tu cumpleaños e invitabas a tus amigos a casa, o también de esos que hacen que se te corte el cuerpo cuando los lleva un colega a un botellón.
Lo bueno es que a partir de este instante temporal, parece que los dos firmamos en secreto y con tinta invisible un acuerdo tácito por el que:
- la primera parte contratante, esto es, yo, le dedicaría una sonrisa y un "bonjour" todos los días que le viera al dirigirme a mi domicilio excepto, claro está, causas mayores;
- la segunda parte contratante, esto es, él, se limitaría a dirigirme la palabra solamente para responder al "bonjour" con otro "bonjour" y eventualmente otra sonrisa, sin soltar la parrafada anterior ni poner cara de pena.

Así que ahora nos llevamos bien y, si no hay mucho trasiego a la entrada del supermercado y le da tiempo, entre parrafada y parrafada a transeúntes sin nombre, a coger aire, nos decimos buenos días como buenos vecinos.

lunes 12 de octubre de 2009

Me JUrO...

... que nunca más beberé cerveza del circuito de bares alternativos de Ginebra, pero siempre vuelvo a caer, oiga. Que alguien bendiga al Gelocatil.